miércoles, 14 de mayo de 2014

La luz del planeta, por Emilio Fiel.


Cada vez es más fácil encontrar manifestaciones fundamentalistas a nuestro alrededor. Anteriormente estas personas se cortaban un poco antes de hablar, pero ahora se les siente un tanto desatados a todos los que predican una creencia o siguen las líneas apocalípticas más de moda. Las emociones están a flor de piel y la cólera se desata contra el infiel. Si desde hace siglos éste era el significado de haber sido absorbidos por las energías de la oscuridad, dueñas de la cuarta dimensión (todo fanático es un servidor del oscuro), ahora volvemos a esta furia contra los que no entienden lo evidente: que no hay más que un camino sagrado, el mío, y los demás son mentira. Ésta es la clave de la guerra contra el islam, en uno y otro bando, y de las demás guerras religiosas del mundo. No sirve de nada recordarles que dios es la cualidad de amor en el corazón humano, al margen de sus doctrinas personales. Que reconoce la divinidad en todas las cosas especialmente en sí mismo, que no juzga lo correcto o incorrecto sabiendo que existen muchos caminos hacia la conciencia, que no premia ni castiga a nadie.

Hay quien cree que hoy la violencia sobre la tierra es aún superior a la que se manifestó en otros momentos históricos, que hay más odio y que a pesar de que las noticias se transmiten casi instantáneamente, la conciencia humana no ha evolucionado de manera sensible. Pero la verdad es que estos ciclos pertenecen a gaia y no a la humanidad (irradian desde el corazón de la tierra y el sol), por eso los mayas y los aztecas intentaron aprovecharlos para su propia evolución. Lo llamaron el nuevo sol y entraremos en esa etapa en unos pocos años más, en el 2013. Es como si hubiéramos vivido en medio de la noche permanente (lo que permite el crecimiento de todo lo que es oscuro) y de repente se encendiera el sol creando el caos a su alrededor. Mientras tanto no bajemos la guardia, porque los hijos de la noche lucharán por recuperar todo lo que han perdido, y retornar a un estado de oscuridad permanente.

Así que hay una batalla contra los que estaban felices en medio de la noche, son los devotos del poder, de la dominación, de la ambición, del terror y de la muerte. No importa lo que piensen y no siempre piensan distinto de nosotros, lo único que les interesa es que se apague la luz. Nos involucrarán a todos y harán lo posible para conseguirlo. Pero según la luz aumenta, el abismo entre la vieja y la nueva energía es cada vez mayor, al borde de la guerra, hasta que se tienda el puente con el futuro.

Es necesario que no temáis los cambios que llegan, que simplemente encendáis vuestra luz y os mantengáis alerta para que brille sin descanso, para que brille en áfrica y en oriente medio, en sudamérica y en pakistán, porque muchos están soñando con un futuro sin bombas y sin miedo.


Fuente: Emilio Fiel (emiliofiel.com)

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