viernes, 30 de mayo de 2014

¿Eres fiel al amor o al amante?, por Emilio Fiel.



El 95% de las películas y culebrones varios, los programas del corazón y más de la mitad de las novelas que se publican en el mundo se basan todavía en el binomio fiel-infiel cuando tratan de la relación de pareja. A nivel espiritual ¿estos términos siguen siendo válidos como en las conversaciones adolescentes? La fidelidad se confunde con el sometimiento de por vida, con el amor permanente como si pudiéramos decidir cuándo nos sentimos enamorados, o también con el considerar a nuestra pareja como la única mujer o el único hombre del universo. Y esto está muy lejos de la realidad interna, basado en principios de propiedad y en el egoísmo personal del yo, mi, me, contigo. El amor es lo que cuenta y es al amor a quién debemos fidelidad y no al amante. Cuando seguimos con alguien por rutina, por miedo a la inseguridad, por hermandad, cuando sentimos que ya no hay chispa, que se ha muerto la pasión, entonces sí que estamos siendo infieles al amor.

Hubo un tiempo en que los discípulos eran los que fabricaban al maestro y si éste no se ceñía a sus pautas lo repudiaban, porque no cumplía los principios místicos de la renuncia espiritual. Pero todo eso ya pasó bastante antes del fin de milenio. Entonces se veía la sexualidad y el amor como una energía mundana, ajena a tanto asceta suelto, y aterrorizado ante lo femenino, como había en el mundo. De cualquier manera aún existe gente de este tipo en todas partes, especialmente aquellos que no han trabajado en abrazar su sombra y en iluminar su oscuridad. Los celos y la cólera del abandono, son las reacciones polares de una pareja que no se ha fundido ni disuelto su pecho en el amor. Cuando los pechos se unen, buena parte de las tonterías emocionales desaparecen para siempre. Por eso es tan importante el orgasmo de fusión y mantener una relación tántrica que permita a lo femenino (en el hombre y la mujer) liberar todas esas energías de apego y atadura. De dependencia y de sin ti no puedo vivir, te necesito, sin tu abrazo me muero, quédate conmigo aunque no me ames, y chorradas semejantes.

Somos dios y diosa y no hay reglas externas que puedan condicionarnos. El amor incondicional existe, y es un atributo divino, pero ni siquiera tiene que ceñirse a una sola persona o pareja. Nadie puede condicionar a otro cuando el amor ha partido, pero mientras está presente ese es el signo de que la felicidad está unida a otra u otras personas. Lo importante es una entrega total cuando estamos con nuestra pareja, y no tanto que sólo pueda haber una mujer o un hombre al que ames. Cuánto más amas a alguien, más amas a todo y todos los que amas, así que otra persona no es un obstáculo insalvable que provoca separaciones. Todo depende de las creencias y de la educación cultural de quien se trate.

Y nosotros dejemos de juzgar a los demás, pues no podemos ver la espiral completa de su vida y sus enlaces sutiles con el pasado y el futuro. Juzgar convierte todo en un gallinero, cuando la crítica es casi siempre expresión de nuestra dificultad para amar. Hay que ser fieles al ser y amar sin límites. Dejemos a los demás en paz y sembremos nuestra propia felicidad. Si hay amor es que dios está ahí y nunca podrás interferir con ello. Toda unión es santificada por la fusión amorosa, y cuando las cosas ya no funcionan hay que admitirlo y seguir adelante dejando en libertad al otro, y agradeciéndole por las lecciones aprendidas y el cariño compartido. El que juzga será juzgado. Dejar las explosiones de cólera y entregarlas a la diosa, así llegará la alegría de quien ha transmutado su ego. No hay venganza posible en este camino, el corazón debe fluir y dejar partir al otro con ligereza y una sonrisa, sabiendo que alguien viene hacia nosotros en este momento, para ayudarnos a avanzar unos pasos más de lo que hasta ahora hemos llegado.


Fuente: Emilio Fiel (emiliofiel.com)

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