lunes, 14 de abril de 2014

Del silencio mental al vacío luminoso, por Emilio Fiel. (Técnica de meditación).




Este es el tiempo de la desvelación de lo oculto, las viejas revelaciones deben salir a la luz. Desde el año 2009 mi hermano Shri Aurobindo (que en el tiempo simultáneo de 5ªD encarnó como Juan el evangelista, el corazón amoroso del Cristo), regente de los Melquisedec del Aire (como el maestro Rumí por ejemplo) y cabeza de las águilas doradas de la estrella Altaïr, me mostró el camino meditativo del nuevo tiempo. Una senda basada en el silencio y la entrega, en el vínculo devocional con la diosa y en la vibración luminosa de la merkabah. Hoy quiero compartir abiertamente con los lectores de Mente Consciente este proceso que sirve como guía para los instructores de mi Escuela Chrisgaia.

“La sala del Buda está vacía ¿a dónde se han ido todos los monjes?”

Nadie se atreve con el silencio y sin embargo es la conquista más sencilla del mundo. Tanto que asusta a las mentes timoratas, empeñadas en complicar las cosas para seguir creando tecnología espiritual y alargar artificialmente el breve periodo necesario para la vuelta al hogar. ¿Qué es lo que temen? Lo que les asusta es la disolución. Solo desean divertimentos sofisticados. Porque el camino espiritual es un camino de disolución de la personalidad, de suicidio del me gusta y me disgusta, del esto es bueno y esto malo, del esto me mata o sin esto no puedo vivir. El silencio es nuestra naturaleza profunda y es atravesando su puerta que entramos en contacto con otras dimensiones y con los viajes de eternidad. Pero por encima de toda esta parafernalia visual y sensorial existe el vacío sin límites, en el que todos compartimos la misma esencia y nos sentimos conectados a la conciencia universal del Todo.


Los borrachos de dios

Hay que matizar que el silencio necesita del sentimiento en el presente para convertirse en vehículo del despertar. Si la emoción se manifiesta como una agitación del pecho que está apegada a los recuerdos del pasado y es deudora de la historia personal, el sentimiento pertenece al instante, alimenta al ser y expresa una conmoción producida por la belleza que estamos contemplando o escuchando, por las impresiones de algún suceso del que somos testigos presenciales, o por una situación que ha movido la sensibilidad de nuestro corazón y de nuestro vientre. Y entre todos los sentimientos hay uno que es imprescindible en nuestra búsqueda y es la aspiración espiritual, que se convierte en un aderezo necesario cuando tratamos de ir más allá del tiempo y de la mente racional. Invocar el descenso de la luz dorada de la diosa (el espíritu en acción) requiere de una apertura interna, como un estremecimiento íntimo, un anhelo que nos abre a recibir el soplo de otras realidades paralelas en nuestra vida.


La espiritualidad instintiva y la inmortalidad física

En tercer lugar, el silencio mental y el sentimiento vehemente dejan paso a nuestra relación con el cuerpo. La clave de la meditación es la pérdida de sensaciones corporales físicas, la insensibilidad corporal, hasta percibir el cuerpo de ensueño (el otro yo del cuerpo, hecho de energía y sentimiento). En esta nueva etapa, más allá de los límites del tiempo medible (el periodo de gracia duró hasta el 21/09/2013) y abiertos a la elevación de frecuencias y a la activación genética propias de la ascensión individual y planetaria, lo que cuenta ya no es el aliento sino la vibración luminosa, la luz vibral de la diosa que desciende desde la fontanela.

Ha llegado la hora de abandonar la cabeza y el corazón como sedes del alma, hasta hacer descender el alma al vientre, hasta conquistar una espiritualidad instintiva, celular, natural, la que a tu paso hace florecer las rosas en medio de la nieve. Ya demasiado daño nos han causado las locuras mentales y los excesos emocionales. Es hora de recuperar nuestra sobriedad como creadores del destino, tanto individual como planetario. Primero el alma griega se encontraba en la epífisis, después el alma cristiana o musulmana se situó en el pecho, y recientemente ha llegado la hora de que el alma galáctica descienda al vientre. Éste es el camino de la inmortalidad física que nuestros nietos llegarán a conocer, un cuerpo autoconsciente capaz de regenerarse a sí mismo sin necesidad de sanaciones ni de químicas agresivas. Un cuerpo espiritual que sabrá mantener la vida incluso al margen de la conciencia, por mucho que sea esencial mantener siempre una frecuencia elevada en nuestro pensamiento y sentimiento. Pero, al mismo tiempo, este logro no significa que la cabeza y el pecho perderán su valor, sino que desde el vientre serán aún más apreciadas sus conquistas de sabiduría creativa y de belleza amorosa.


Las bases psíquicas y energéticas

Y ¿cómo llegamos al silencio? ¿Cuál sería el proceso técnico de aproximación a esta realidad que es tan desconocida en nuestra vida? En realidad la aproximación es de menor importancia, pero como ejemplo podemos seguir brevemente un mapa actualizado del Asthanga Yoga de Patañjali (el óctuple sendero del yoga), y para ello necesitaríamos comenzar por la recapitulación de nuestra oscuridad, de los temores y bloqueos, rechazos y rencores que guardamos en el cuarto de los trastos. Y al mismo tiempo avanzar en una clara comprensión del camino de retorno a la inocencia de la infancia. 

1- Yama y 2- niyama expresan lo que hemos de hacer y lo que no hemos de hacer (los diez principios éticos que expresan el control y el equilibrio interno), pero la única manera de conseguirlo en el presente es acabar con las falsas proyecciones mentales, con los pensamientos limitativos, las creencias y las emociones negativas. Ése es el camino para no hacer daño a terceros, para decir la verdad, no robar y rechazar el exceso de bienes materiales. Y también para ayudar a quien lo necesite, para mantenerse lejos del egoísmo y alcanzar la serenidad mental, para profundizar en las enseñanzas sagradas y para amar al espíritu como objetivo último de toda vida.

Respecto al 3- âsana o posturas del yoga, bastaría con un pequeño ramillete para tener el cuerpo bien flexible y armonizado durante todo el día: la estrella, la media pinza, la cama, el gato estirado, la cobra, la torsión y la postura sobre la cabeza. 

En cuanto al 4- pranayama son aconsejables las respiraciones de fuego (varios cientos seguidos por una larga retención) y el fuelle (en series de cincuenta respiraciones completas aceleradas, seguidas de uddiyana banda o retracción del vientre al vacío). Si añadimos la purificación de los nadis (o surya bedhana para reunir energía solar / chandra bedhana para aumentar la energía intuitiva) tendríamos suficiente. 

Después viene el 5- pratyahara, el trabajo de retirada de los sentidos, que tiene el mismo significado que desapegarse del cuerpo físico y ser capaz de entrar en los mundos de ensueño conscientemente, abriendo los sentidos sutiles que corresponden a las envolturas etéreas que yosoy. Tanto el viaje del alma o salida del cuerpo, como la ensoñación tienen relación con esta etapa del asthanga yoga y no sería posible reducir la importancia de la apertura a otras dimensiones de la conciencia en los momentos planetarios que estamos viviendo.


La focalización de la mente y la expansión de la energía (dharana)

Los tres últimos logros, cuando se manifiestan integrados en una sola experiencia continua, se denominan samyamah, (dharana, dhyana y samadhi: “yo me concentro solo en eso”; no yo, solo eso; y “ni yo ni eso, solo el Espíritu inundándolo todo”). Así pasamos al punto 6- dharana, la concentración, con la que entramos en el meollo del camino del silencio. Se trata de mantenerse largos minutos concentrados sin distracción. El camino que siempre he utilizado para esta etapa son las kriyas, más o menos sofisticadas, de kundalini yoga. Distingo cinco prácticas sencillas (en los trabajos intensivos para una sadhana individual se utilizan kriyas más poderosas) que puede realizar cualquier practicante desde su primer intento (se repite cada práctica trece veces). 

-Empezaremos por 6a)- la respiración del infinito (se inspira subiendo por detrás hasta completar el círculo en el plexo solar y se expulsa bajando por detrás hasta completar el segundo círculo en el mismo punto). 

-6b)- la kriya del Doble canal, subiendo por detrás chakra a chakra hasta pasar de la nuca al entrecejo (om na mah shi va ya). Retener cuatro palpitaciones del corazón en la fontanela, y expulsar haciendo un bucle desde la fontanela bajando por delante hasta el perineo (retener cuatro palpitaciones en el sacro). Los esfínteres se cierran con fuerza en la inspiración y retenciones, y se relajan al expulsar. La lengua en lolana chakra, el paladar blando, arriba detrás del duro. Como una serpiente que se muerde la cola. Incluso al terminar la serie de trece respiraciones se puede retener el aliento dos o tres veces al lleno y sentir a la serpiente dando trece vueltas completas al doble canal.

-6c)- el Canal central que es como una lámpara fluorescente vertical de color blanco, que alcanza un metro por encima de la fontanela y un metro por debajo del perineo. Om-na-mah-shi-va-ya-hum-aluk (se inspira subiendo desde la zona sacra o 2º chakra, hasta la fontanela y luego hum un palmo por encima y aluk un metro por encima). Om-na-mah-shi-va-ya-hum-ha (se expulsa desde la zona del entrecejo/nuca, garganta, pecho, ombligo, vientre, perineo, un palmo por debajo y un metro por debajo). Entremedio retener al lleno y al vacío (como en el doble canal, aunque un poco más amplia). Hay que insistir en el cierre de esfínteres y en la retención al vacío, que son las armas de que disponemos para elevar la energía hacia los centros superiores. 

Si queremos que la kriya funcione es imprescindible una cierta relación devocional con el fuego sagrado o madre kundalini (la energía del Christos que descansa en la zona sacra o sagrada). Se le invoca para que ascienda como un fuego devorador por el canal central. 

Al terminar podemos retener el aliento y sentir como asciende la serpiente de fuego, haciéndose gruesa y purificando todo a su paso, absorbiendo la energía de cada chakra para llevarla al siguiente, hasta que toda ella explota en lo alto de la cabeza (mientras la serpiente sale por la nuca y nos rodea por encima de la coronilla).

-6d)- hinchar el vientre al expulsar, es una práctica esencial para neutralizar los pensamientos inconscientes que entran por el plexo solar, sede de la ansiedad, angustia, miedo, confusión, cansancio y estrés (y centro que, como hombres, cuando está muy alterado no sabemos como administrar, entrando en una sensación de locura). Om-ah-hum namah shivaya. Om en la fontanela, ah en la nuca, hum en los omóplatos y namah shivaya empujando suavemente el diafragma hacia abajo (fondo de los pulmones). Se termina relajando la respiración, inspirando om ah hum hasta los omóplatos (y la sensación de las alas a los lados) y expulsando por el triángulo invertido del pecho, las dos fuerzas masculinas tres dedos por encima de las tetillas a la altura del timo. y la diosa en el vértice del centro). 

-Por último 6e)- los tres fuegos

Se repite el mantra del cisne: ham-sah so-ham mientras se percibe el palpitar del corazón en el sacro-omóplatos y fontanela. Se inspira ascendiendo del sacro al pecho repitiendo ham y del pecho a la fontanela con sah. Luego se inspira bajando de la fontanela a los omóplatos con so y de los omóplatos al sacro con ham. Como tres palpitaciones en cada centro que atravesamos.


La antesala de la meditación (dhyana)

Y entramos de lleno en el proceso meditativo, de tal manera que los pasos anteriores pueden y deben realizarse durante los primeros meses de trabajo, pero más adelante se pueden seleccionar unas breves etapas de preparación y pasar directamente a 7- dhyana. 

-7a)- La respiración va haciéndose más superficial y el relajamiento más profundo. 

Se trata de entrar en una especie de trance autoinducido, en el que perdamos las sensaciones corporales de los sentidos externos y entremos en contacto con los sentidos sutiles. Esta etapa es irreemplazable y no sabría insistir demasiado en su importancia capital. 

En las primeras etapas no hay meditación mientras estemos apegados al cuerpo físico. Así que la frase ‘más profundo’, ‘más profundo’ tiene su aplicación en estos momentos. El aliento se hace por la nariz, pero las tensiones en la boca suelen ser tan grandes, que es necesario aconsejar que entre un hilillo de aire por ella, mientras nuestra atención asciende a la fontanela, como si respirásemos por ella, que es el lugar de la mente real, del pensamiento que llega del yosoy. Por el plexo solar penetra como energía el pensamiento inconsciente (incluso ajeno a lo humano), por las garganta y hasta las sienes el tonal de los tiempos o pensamiento de la humanidad, y por la fontanela el flujo del ser o mente de dios. 

Así que, resumiendo, la clave inicial es dejar que la respiración se haga imperceptible, como si nos situáramos encima de la cabeza, en un profundo relajamiento del cuerpo entero. Y en esta fase es imprescindible utilizar un mantra, porque el lorito interno (o mente celular) es lo último que se disuelve, y necesitamos un soporte para afrontarlo de manera eficaz. Bastaría con que pudiéramos repetir yo (al inspirar) soy (al expulsar suavemente), pero en línea con los próximos pasos, aconsejo repetir hrim-shrim-krim (al inspirar, invocando la triple manifestación de la diosa: laksmi, saráswati y kali) y Maheshwari swaha al expulsar, la propia diosa unificando sus tres cualidades divinas: los regalos de gozo, amor, paz, silencio de kali; la expansión del éxtasis en la vida cotidiana y la protección de laksmi; y la canalización y revelación de saráswati (tocando la vina y transmitiendo los vedas). Las diosas están vivas y son energías reales que pueden percibirse y distinguirse entre ellas. Primero desciende Maheswari, preparando el camino de la columna de fuego, y luego el resto de la triple energía divina, de manera peculiar para cada individuo.


Las cuatro columnas del instante vivo

-7b)- La segunda etapa de dhyana exige retirar la energía del proceso mental ordinario

Y para ello hay que comprender el sentido de lo que sucede en nuestro cuerpo al margen de la voluntad. Hay ritmos naturales que suceden de manera autónoma, sin nuestra participación ni esfuerzo consciente. Los “Pilares del presente” son cuatro: 1- el Aliento; 2- el Palpitar del corazón, que se convertirá más adelante en fuego ardiente; 3- el Sonido interno (nadam) que nos ayuda a distinguir el plano dimensional en el que nos encontramos, y que conduce indefectiblemente hacia la Luz interna (jyotir). Es el “ojo de dios” o “grieta entre los mundos” (como un donut dorado, azul intensamente oscuro en el interior y una chispa divina en el centro); 4- la Vibración luminosa o esencia del llamado cuerpo de ensueño, que está compuesto de energía y sentimiento. Cada día habitamos tres cuerpos o maniquís distintos, que iremos abandonando a lo largo de los milenios, especialmente este cuerpo físico, más adelante el cuerpo del otro yo, el que somos cuando dormimos, y finalmente el cuerpo del sueño sin sueños.

Así que nos encontramos profundamente relajados, el aliento imperceptible en la fontanela y nos situamos como un vigía en medio del palpitar del corazón en los tres fuegos (fontanela, omóplatos y sacro), bien presentes en el sonido interno y dirigiendo nuestra atención a chid akash, el espacio de la conciencia o pantalla mental (el muro de niebla que hemos de atravesar para entrar en la etapa del sueño consciente). Es entonces cuando comenzamos a percibir la vibración general en todo el cuerpo (empezando por el abdomen, los muslos…). Nos centramos en ella, hasta que sintamos aumentar su frecuencia y el cuerpo entero vibre intensamente… 

Hemos llegado al punto donde el pensamiento ordinario queda colapsado de manera natural, sin esfuerzo alguno. Por un lado es muy fácil mantener el silencio mental y por otro nos convertimos en testigos de cualquier sensación o emoción que surja espontáneamente. Descansamos un tiempo en este silencio y gozamos de la posibilidad de alcanzar la paz del corazón.


La envoltura luminosa y el descenso de la diosa

-7c)- La vibración se extiende por lo menos un palmo por encima de la piel, y vamos sintiendo la disolución de nuestro traje corporal. 

Es el momento de invocar la divina presencia que yosoy. Como si, por unos momentos, al inspirar nos hiciéramos pequeños teniendo como centro el plexo solar y al expulsar nos hiciéramos grandes, por encima de la piel. Y así unas respiraciones hasta convertirnos en un punto en el plexo y abrirnos ilimitadamente en el espacio que nos rodea, agigantarnos y derretirnos en la totalidad de nuestras percepciones… Se trata de desarrollar la percepción del cuerpo mental, como una burbuja oscilante o huevo luminoso de un metro (poco más de un brazo extendido) en las seis direcciones del espacio (atrás y adelante, arriba y abajo y derecha e izquierda). Este huevo vibratorio gira a gran velocidad en sentido levógiro y cada punto sobre sí mismo, estructurado sobre una base de geometría sagrada que llamamos el doble tetraedro. Y para fijar inicialmente sus límites (el brillo violáceo de su esfera externa) repetiremos tres veces la clave metatrónica Gaméen Khoor.

Estamos por tanto en medio de una especie de derretimiento (como si estuviéramos formados de mantequilla expuesta al sol, y nos convirtiéramos en una mancha de aceite que se extiende por la superficie de un lago). La mente silenciosa y el corazón en perfecta calma, centrados en la vibración general del cuerpo luminoso.


La fuerza descendente de lo divino supramental

-7d)- La cuarta fase de la etapa dhyana es el descenso de la diosa. 

La energía cae como una lluvia dorada desde el octavo chakra (hum, un palmo por encima de la fontanela), limpiando cada pensamiento limitativo y cada creencia archivada en nuestra mente. A veces hacen falta largas semanas para limpiar una sola de estas verdades parciales que retornan una y otra vez, esclavizan nuestra manera de pensar y son obstáculos insalvables para reposar largo tiempo en el silencio. Y debe quedar claro que cada uno necesitamos un número cierto de minutos en perfecto silencio, parando el mundo, para entrar suavemente en los planos del nagual. Por ello esta fase resulta crucial para penetrar en los horizontes del misterio (es purusha lo indescriptible desconocido, frente a prakriti o tonal: lo indescriptible conocido). 

En una segunda etapa la diosa penetra en las emociones del pecho y nos hace revivir los miedos, rencores, celos, angustias acumuladas a lo largo de nuestra vida (y todo lo pendiente aún por vivir) hasta que todo el plano vital queda limpio de residuos personales. 

Después de estos dos capítulos duros, en los que nos sumergimos mil veces hasta que cada pensamiento y sentimiento ha sido purificado por el fuego y manifiesta su aspecto positivo de unión y de inocencia (recuperamos el ser orgásmico del niño que fuimos a los cuatro años), pasamos a la etapa más difícil y que más paciencia y perseverancia exige, el yoga celular. Es el momento de afrontar el mental celular con sus refranes de la abuelita y sus continuos miedos (a la humedad, a las corrientes de aire, a la tos del vecino, al cansancio, a los pensamientos sexuales, a no cumplir con la religión, a las noticias escuchadas en el telediario, etc), hasta que el mantra va haciendo penetrar un nuevo canto en el corazón de la materia vida…
En esta etapa la vibración se hace luminosa, como el vacío búdico, se convierte en un fuego liberador. Es el sol interno que irradia en las siete direcciones del mundo. 

-7e)- Del palpitar de los tres fuegos a las tres hogueras encendidas (fuego en sacro, sol en omóplatos y luz sagrada en la fontanela), y de ahí al encendido total del fuego interno. 

Es aquí donde la frase del Cristo que tantas veces he reseñado (“fuego vine a traer a este mundo y ¿qué quiero sino que arda?”) toma su verdadero sentido místico.
Los dos fuegos se juntan y el sol amanece. El fuego ascendente de la shakti individual toma contacto con el fuego descendente de la madre universal, y ambos estallan a la altura del pecho, creando una envoltura centelleante que difunde la frecuencia del espíritu.


Samadhi, disolverse para volver a unirse en otro plano más elevado

-8)- El objetivo último de la yoga es el samadhi, la contemplación silenciosa en unidad con lo divino. 

El éxtasis de fusión con el espíritu que es la esencia de cualquier objeto o idea abstracta en la que te focalices. La mente no se altera por nada y uno pierde conciencia hasta de su propia individualidad, transformándose en el Todo y alcanzando el estado jubiloso de satchitananda, la paz-conciencia-beatitud del ser original. 

Ha legado el momento de dar un paso más y abandonar los soportes del silencio (los cuatro pilares), los límites del cuerpo luminoso, e incluso la sensación de ser penetrado por la luz supraconsciente de la diosa. Ahora toca simplemente ser, no hacer. Abandona toda referencia y acepta el vacío sin límite. Neti, neti, ni esto ni lo otro… Relájate tanto en ese silencio que llegues a desaparecer. Ahora tiene por fin sentido el título del primer párrafo. Disuélvete, que no haya nadie meditando. Tu no estás, todo palpita al unísono. No hay separación ni siquiera fe. Ya actúas según Su Voluntad, que yosoy. No un vacío inerme, desprovisto de vida, sino un vacío palpitante y luminoso del que surgen las diez mil cosas y los diez mil seres. Has llegado a casa. Y en cada respiración el universo respira a través de ti. Tú no haces nada, simplemente descansas en un cuerpo mucho más sutil que está más allá de las limitaciones del espacio y del tiempo. Has alcanzado el plano del alma y ves la vida como un juego transitorio, una ilusión de aprendizaje que ya no te implica emocionalmente. Descansa y mantén tu vela encendida, porque en medio de la noche llega el señor, el corazón de cristal de la humanidad consciente…


Fuente: Emilio Fiel (Miyo) para la revista Mente Consciente. 1º de Marzo de 2014.

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