viernes, 7 de diciembre de 2012

Comprendiendo a un niño.




Un padre de familia que quiere realmente comprender a su hijo no lo mira a través del velo de un ideal, si le ama, lo observa directamente, estudia sus tendencias, sus caprichos, sus peculiaridades; el imponerle un ideal significa que no sentís Amor por el niño, porque entonces son vuestras ambiciones las que tratan de realizarse en él, queriendo que llegue a ser esto o aquello. Por el contrario, si amáis al niño, entonces hay una posibilidad de ayudarle a que se comprenda a sí mismo tal como es.

Si un niño miente, por ejemplo, ¿de qué sirve ponerle delante el ideal de la verdad? primero debéis averiguar por qué miente; para ayudarlo necesitáis tiempo para estudiarlo y observarlo, lo cual requiere paciencia, Amor y cuidado; por otra parte, cuando no sentís Amor ni tenéis comprensión, obligáis al niño a seguir un molde que llamáis un ideal.

Y es que los ideales son un escape conveniente, y el maestro que los sigue es incapaz de comprender a sus

alumnos y de trabajar con ellos de forma inteligente.

Para ese maestro el ideal futuro, lo que el niño debe ser, es mucho más importante que lo que el niño es en el presente. La persecución de un ideal excluye el Amor, y sin Amor no se puede resolver ningún problema humano. Si el maestro es un verdadero maestro, no dependerá de un método, sino que estudiará a cada alumno individualmente y nunca necesitará hacer exámenes para conocerlos.

En vuestras relaciones con los niños y los jóvenes, debéis pensar que no estáis tratando con artefactos mecánicos, que se pueden reparar con facilidad, sino con seres vivientes, que son impresionables, volubles, miedosos, sensibles, afectuosos; y que para convivir con ellos tenéis que estar dotados de gran comprensión, tenéis que poseer la fuerza de la paciencia y del Amor.

Fuente: Ángel Luis Fernández.

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