Alex Gross es uno de los artistas contemporáneos que mejor ha plasmado la influencia de la publicidad y el consumismo dentro de un nuevo paradigma estético. Su pintura suele clasificarse como “surrealismo pop”, abarcando desde la ciencia ficción, la teoría de la conspiración o desde una perspectiva de lo bizarro los temas y patologías más prominentes de la sociedad moderna. Muchas de sus pinturas, fraguadas en óleo, contienen elementos crípticos, referencias pop, señas lúdicas o francas críticas a la forma en que el hombre adopta la tecnología –en ocasiones esclavizándose– y consume la publicidad. Sin embargo, esta aparente cualidad crítica del sistema dominante se ve contrarrestada por una glorificación de la estética de la publicidad y el mundo del fashion. Sus pinturas acaban siendo como carteles de una dimensión alterna de la realidad, donde la magia convive con el branding.

“Últimamente mi trabajo ha sido influido en gran medida por la publicidad, particularmente por el mundo de la moda. La considero generadora de algunas de las imágenes de más belleza en nuestro entorno, mucho más que las bellas artes.  Y la ironía de usar imágenes tan sofisticadas y voluptuosas para vender estas rídiculas y sobrevaluadas marcas hace a las imágenes todo lo más fascinantes para mi. Otro tipo de publicidad me interesa también ya que es omnipresente en nuestras vidas. No puedo más que incorporar referencias a ella en mi trabajo”, dice Gross.

Nacido en Nueva York, pero fincado en Los Angeles, Gross ha llevado su obra al mundo pop del que tanto se inspira y trastorna: apareciendo en el arte discográfico de Blonde Redhead, en diferentes revistas y en una colaboración con el autor de ciencia ficción, Bruce Sterling. Su larga estadía en Japón también se deja ver en su trabajo, hastas el punto de una obsesión con la fisonomía y la parafrenalia oriental. Otra de sus obsesiones son los reptiles: lo cual parece ser una metáfora de los instintos primitivos a los que la publicidad somete al hombre o quizás a la teoría conspiratoria de que una raza de extraterrestres reptileanos controla a la humanidad.

“El mundo en el que vivo es tanto espiritualmente profundo y culturalmente vaporoso. Es extremadamente violento pero puede ser también extremadamente bello. La globalización y la tecnología son responsables cambios maravillosamente positivos en el mundo al igual que de una terrible tragedia y homogeneidad. Esta dicotomía me fascina, e influye naturalmente en gran parte de mi obra”, dice Gross, quien sin duda tiene una mirada bastante aguda para observar los fenómenos socioculturales de nuestra época.









Fuente: pijamasurf.com