martes, 13 de noviembre de 2012

Disolviendo estados negativos a través de la respiración.





Un aspecto importante del que podemos obtener grandes ventajas es la interdependencia que existe entre la respiración y el estado psico-emocional. La actividad cerebral y el ritmo respiratorio funcionan íntimamente unidos, influyéndose mutuamente. Cuando la actividad mental se altera, automáticamente produce cambios en el patrón respiratorio. Lo mismo sucede cuando aparecen emociones negativas como la ira, la cólera, la ansiedad, el miedo, etc. A su vez, la modificación del ritmo respiratorio repercute directamente en el estado psico-emocional, generando importantes cambios.

Es sabido que una respiración agitada y superficial va asociada a un estado mental emocional alterado. Mientras que la respiración lenta y rítmica proporciona relajación física, estabilidad emocional y serenidad mental. El estado de equilibrio y armonía en el conjunto del cuerpo-mente pasa por una respiración lenta y rítmica, dónde la longitud de la inspiración y la espiración deben ser iguales o muy similares.

Mediante algunos ajustes en el ritmo y en el volumen de la respiración, podemos eliminar los estados inarmónicos en los tres niveles: físico, emocional y mental. Basta con hacer la respiración más rítmica, lenta y profunda para conseguir una nueva situación de estabilidad y relajación. Pero el modo de eliminar los estados negativos mediante la respiración adecuada no consiste en imponer cambios bruscos al ritmo respiratorio, pues esto conlleva ahogar o reprimir nuestras emociones.

Para disolver los estados negativos hay que comprender su dinámica. Primeramente tenemos que aceptarlos, observarlos, vivirlos conscientemente. En cuanto incrementamos nuestra consciencia del estado negativo que estamos viviendo, comenzamos a neutralizar la energía que nutre dicho estado. Posteriormente, desviando la atención al proceso respiratorio, conseguimos cambiar la dirección de la energía y transformar una situación conflictiva en una vivencia armoniosa. ¿Cómo se explica esto? Muy sencillo: los estados de ansiedad y de calma se nutren de una misma y única energía que en estos dos casos está canalizada en direcciones opuestas. Los estados negativos se caracterizan por ciertas dosis de inconsciencia. Cuando aumentamos nuestra atención, el estado negativo se debilita gradualmente, pues estamos restándole la energía que lo alimenta. Sosteniendo la atención sobre el proceso respiratorio se invierte la dirección de la energía, ya que la energía que nutría el estado negativo pasa entonces a ser utilizada por la consciencia.

La intensificación de la atención sobre la respiración opera grandes cambios en el patrón respiratorio. Basta observar pasivamente la respiración para que la energía mental se estabilice y la respiración recupere sus cauces naturales sin que nosotros apenas tengamos que intervenir. La respiración se tornará rítmica, suave y lenta, restableciéndose un estado psico-emocional armonioso y equilibrado.

(Del libro Claves del Yoga de Danilo Hernández, pag. 157-158)


Óscar Martínez

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