jueves, 23 de agosto de 2012

Para comprender la relación entre salarios y beneficios.

Uno de los temas más apasionantes de la economía, pero a la vez también más complejo, es el que se refiere a la distribución de la renta. No en vano se trata del elemento clave en el funcionamiento de una economía capitalista, razón por la que desde los clásicos (Smith, Ricardo, Marx…) se ha estudiado como centro de las reflexiones. En este blog lo hemos tratado mucho, si bien ahora me interesa mostrar un ejemplo que sirva para entenderlo mejor.

Primero unos conceptos rápidos para quien no esté familiarizado con los indicadores económicos. Como sabemos, el valor monetario de la riqueza que se genera en un país se mide a través del Producto Interior Bruto (PIB). Este indicador puede descomponerse en dos partes: los beneficios empresariales y los salarios. Esto no es ni más ni menos que la agregación del comportamiento individual en las empresas. Hay un ejemplo habitual que sirve para ilustrar esto y que describo y dibujo al final del post. Lo importante es quedarse con el hecho de que el Producto Interior Bruto puede descomponerse en la suma del valor añadido por ramas o, alternativamente, en la suma de la distribución entre salarios y beneficios.


Un ejemplo ficticio con la empresa MercaNoDona

Nota: Desde que lo he publicado he incluido algunas matizaciones porque para mi sorpresa algunos lectores se han pensado que las cifras eran reales y que procuraba demostrar el funcionamiento de una empresa completa. Más al contrario el objetivo es desvelar la relación que existe entre salarios y beneficios, y ver cómo varían cuando cambian los precios y la productividad. Para quien quiera mayor abstracción puede entrar aquí.

Imaginemos que soy empresario de una gran empresa llamada MercaNoDona (MND), que no consume bienes intermedios[1], y que para llevar a cabo mi actividad he contratado a 100 trabajadores a los que pagaré 1.000 euros mensuales a cada uno. De esa forma el coste salarial total -lo que me cuestan los trabajadores- será de 100.000 euros. También he estudiado el mercado y he calculado que podría vender hasta 10.000 unidades de producto, lo que de cumplirse significaría que pagaré 10 euros en salarios por cada producto vendido. Por lo tanto si pongo el precio de los productos en 10 euros todo lo que ingrese se irá a pagar salarios, de modo que tengo que vender por encima de ese precio. Por eso decido poner un precio de 12 euros por producto, para que 10 euros sirvan para pagar salarios y 2 euros para acumular beneficios de la empresa. Soy una gran empresario pero poco ambicioso.

Si terminado el mes he conseguido vender los 10.000 productos que había pensado, el resultado final es el siguiente:



Teniendo presente que de los 12 euros que cuesta un producto, 10 se van para salarios y 2 para beneficios, o alternativamente que de 120.000 euros de valor añadido un total de 100.000 se van a salarios y 20.000 a beneficios, eso significa que los trabajadores perciben un 83% de la renta y los beneficios un 17%. ¡De la tarta final mucho más de la mitad se la comen los trabajadores!


Segundo mes
 Ahora vamos al segundo mes. Imaginemos que aprovechando el miedo a los despidos “motivo” a los trabajadores para que vendan más. Así, durante el segundo mes los trabajadores logran espabilar y venden 15.000 productos. ¡Albricias! ¡Hemos aumentado la productividad! ¡Cada trabajador hace y produce más! Lo mismo hubiéramos conseguido si disponemos de una mejor técnica u organización. En definitiva, discutimos qué pasa cuando mejoramos la productividad. Eso sí, se han mantenido iguales tanto el precio del producto como los salarios por trabajador. El resultado es fácil de deducir: si se venden más productos y se paga lo mismo a los trabajadores… los beneficios crecen[2].


En este caso la cosa ha cambiado porque de cada 12 euros que cuesta un producto ahora sólo 6’6 euros se van para los trabajadores y 5’4 se van para los beneficios. La participación salarial de la renta ha caído al 55% y la de beneficios ha subido al 45%.


Tercer mes
 Ahora en el tercer mes ocurre una cosa interesante: las tiendecillas de alrededor han desaparecido -destruidas por mí, medalla olímpica en destrucción de PYMES- y me puedo permitir subir los precios ya que la gente me comprará a mí… sí o sí. Subo el precio a 15 euros, pero sigo manteniendo los sueldos al mismo nivel. Eso nos llevará a unos mayores beneficios, como es obvio.



Dado que el incremento de precios ha sido absorbido totalmente por los beneficios, la participación de los salarios ha caído hasta el 44% y la participación de los beneficios ha subido hasta el 66%.


Cuarto mes
Terminando el tercer mes resulta que mis trabajadores se han organizado y se han afiliado a un sindicato llamado SAT. Están hundiendo mi reputación porque aseguran que denuncio a ancianos y exploto a los trabajadores. Hasta se atreven a amenazarme con una huelga. Así las cosas salgo al paso para mejorar mi imagen anunciando que para el cuarto mes subiré los salarios a todos los trabajadores. Todas los medios de comunicación abrirán sus noticias con el logo de mi empresa en portada de lo campechano y buena gente que soy. A nosotros, que somos rigurosos, nos interesan más los datos:



Ahora pagamos más de salarios y no se ha movido ni el precio ni las unidades vendidas así que lo que caen son los beneficios. Obviamente la participación salarial sube, esta vez al 48% y la participación de los beneficios cae al 52%.

A lo largo del quinto mes y sucesivos ocurren otras muchas cosas, pero las vamos a dejar porque hasta este punto espero haber conseguido que se entiendan ciertas relaciones que existen entre los salarios, los beneficios, la productividad y los precios.
Obviamente podríamos jugar con muchos otros elementos, perfeccionando nuestro modelo (introduciendo, por ejemplo, los impuestos) o probando con otras combinaciones múltiples (bajar salarios y precios a la vez; bajar salarios y mantener precios; etc.). También podríamos suponer que hay trabajadores que cobran más que otros, con efectos diferentes si despedimos a unos u otros (por ejemplo, cuando se cambia un indefinido por un temporal… ¡suben los beneficios por producto!).

Podríamos ver qué pasa si sube la jornada laboral por un decreto del gobierno, aunque esto ya lo tratamos aquí. Incluso podríamos insertar estos modelos en un modelo de crecimiento económico y ver qué pasa en el tiempo, teniendo presente que mi empresa no puede vender si los salarios siguen sin crecer al mismo ritmo y en ausencia de endeudamiento, por ejemplo. Esto último es precisamente lo que hacen los modelos kaleckianos y lo hemos visto aquí, entre otros posts.

En definitiva, se trata de hacer ver que en el corazón de la actividad económica (¡y de la ciencia económica!) hay un conflicto permanente: la relación que hay entre salarios y beneficios, entre capital y trabajo. Por cierto, aunque en este momento debe ser obvio: este conflicto entre capital y trabajo tiene su igual en el ámbito político y se llama lucha de clases. No parece tan anticuado, ¿verdad?

Mañana veremos los datos reales y con mucho detalle de la economía española. Ya sabemos lo que ocurre porque otras veces lo hemos visto, pero nos permitiremos bajar a lo concreto y analizar los datos sector por sector. Veremos cómo en la relación capital-trabajo, o lucha de clases, en las últimas décadas ha habido un claro vencedor.

ANEXO:

Imaginen un agricultor que produce 100 euros en trigo y donde, como no ha necesitado comprar ningún producto para producirlo, los 100 euros es el valor añadido a la economía. Dicho agricultor paga 50 euros en salarios y el resto, otros 50, son para beneficios. Si ahora otros sujeto, el molinero, utiliza aquel trigo (100 euros) para producir 250 euros en harina, el valor añadido es de 150 euros.

Imaginemos ahora que el molinero lo distribuye entre 60 salarios y 90 en beneficios. Si finalmente un tercero, el panadero, adquiere los 250 euros de harina y produce pan por valor de 450 euros, el valor añadido es de 200 euros. La distribución que hace el panadero podría ser de 110 salarios y 90 en beneficios. La agregación de todo este esquema, a nivel contable, nos permite sumar el valor añadido de todas las ramas (100+150+200) y que no será otra cosa que el PIB. Si la economía de España fuera la del agricultor, molinero y panadero, el PIB español sería de 450. La distribución de la renta agregada será la de 220 en salarios y 230 en beneficios, todo lo cual vuelve a sumar 450.




[1] Recomiendo leer la tercera entrada de Introducción a la Economía capitalista para estudiar con detenimiento los efectos de la productividad en la distribución de la renta.
[2] Esto es así para facilitar el ejemplo. Las consecuencias contables son que el valor añadido coincide con la producción. Otros supuestos son que la empresa paga a todos los trabajadores lo mismo, que sólo vende un único tipo de producto y al mismo precio. Además, la elasticidad precio es cero (si sube el precio, se demanda lo mismo; relación inelástica).

Posted on agosto 11, 2012 by Alberto Garzón Espinosa


Fuente: agarzon.net

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